StarAce en Madrid: una noche para creer en el rock

StarAce + Dieaway – 14 de Diciembre 2025 – Sala Barracudas (Madrid)

El pasado 14 de diciembre, la sala Barracudas acogió una de esas noches que te recuerdan por qué merece la pena seguir yendo a conciertos. Los brasileños  StarAce terminaron en Madrid dentro de una valiente gira de doce fechas por España para presentar Real, su primer disco. Un tour que los llevó por Madrid, Barcelona, Gandía, Sevilla, Zaragoza… para terminar, curiosamente, de nuevo en Madrid. Una decisión poco habitual, pero acertada: quienes ya los habían visto dos semanas antes pudieron repetir, y los que no, tuvimos la oportunidad de descubrirlos en esta segunda vuelta.

Antes de que StarAce tomara el escenario, la noche arrancó con DieAway, power trío stoner encargado de abrir el concierto. Procedentes de Alcalá de Henares y formados por David a la guitarra y voz, Raúl al bajo y Oliver a la batería, la banda ofreció un recorrido sólido por su discografía, centrado principalmente en su Trisected Liminality Vol. 1, con incursiones en Vol. 2 y lanzamientos anteriores. Casi 15 años de trayectoria respaldan a un grupo que suena a veterano desde el primer acorde.

Desde ‘Xilema’, pasando por ‘Apostrophized’ y ‘Chaos View’, DieAway desplegó un sonido potente y denso, con riffs stoner, psicodelia espesa y toques progresivos que se apoyaban en cambios de ritmo bien medidos. A pesar de que los tres músicos lidiaban con un evidente catarro, la experiencia se impuso. En los tramos finales, con temas como ‘Conundrums’ o ‘Pursuer’, el trío mostró su cohesión y pericia sobre el escenario, dejando claro que la veteranía pesa y se nota en directo.

Quizá no era el público más afín a su propuesta, pero quienes estaban allí disfrutaron de un concierto sólido, intenso y fiel a la esencia del power trío stoner. Con el impulso de Larubiaproducciones, DieAway es una banda llamada a llegar aún más lejos.

Tras el cambio de equipo —largo pero comprensible— llegó el turno de StarAce. El retraso estaba más que justificado: se pasaba de DieAway, power trío, a un StarAce en formato quinteto, incorporando teclados y ajustando parte de la batería. Un ejercicio casi quirúrgico de medición de espacio que lograron resolver con éxito, aunque sacrificando algo de presencia visual. Bia Tucci quedó relegada al fondo con los teclados y Chris Diaz a la guitarra solista disparando su arsenal desde segunda línea, algo desaprovechado escénicamente, pero inevitable en salas de este tamaño.

El concierto tuvo enorme intensidad de principio a fin, apoyándose principalmente en su debut Real, del que fueron cayendo temas como ‘Mystical Cat’, ‘One Night in Nashville’, ‘Dark Side’, ‘Blue Water’, ‘Real’ y ‘Right in the Middle’, su single de singles y  con la que cerraron la noche, dejando clara la identidad del grupo.

La base y el tirón escénico de la banda recaen claramente en los hermanos StaraceJulio, a la guitarra y voz, ejerciendo de frontman absoluto y desatando la parte más loca y visceral del show; Luiz, al bajo, sosteniendo el peso rítmico con solvencia; y Thomas, a la batería, marcando el pulso con firmeza y energía. Sobre esa columna vertebral se construyó un directo sólido, intenso, bien armado y divertido, muy divertido.

Hubo también espacio para momentos más folk y reposados, como Ohio de Crosby, Stills, Nash & Young o ‘My America’, que aportaron contraste y respiro. Uno de los puntos álgidos de la noche fue la versión de ‘Somebody to Love’ de Jefferson Airplane, con Bia Tucci a la voz, además de guiños a The DoorsEric Clapton y Tina Turner. Tampoco faltó ‘Don’t Try to Stop Me’, recuperada del primer disco de Ted Marengos, banda anterior de algunos miembros de StarAce, cerrando así el círculo de su trayectoria.

El resultado fue un concierto intenso, técnico y entretenido, con ese punto de locura controlada que por momentos nos recordó a los irrepetibles White Cowbell Oklahoma.

Y es que la música nunca deja de sorprender. Tras 22 años al pie del cañón asistiendo a conciertos, y después de un 2025 con más de 80 giras informadas a nuestras espaldas, salir un domingo de una sala donde no había ni 50 personas tras ver a unos brasileños convencidos de haber nacido en Nashville, es exactamente el tipo de cosas que siguen haciendo que todo esto nos merezca la pena, uno y mil domingos más.

Texto: Susana Manzanares
Fotos: David Aresté

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